“Osalmentalmático…”
– ¿Qué cosa es esto?–
Podría preguntarse, muy legítimamente, cualquier lector internético, bien sentado, en
cualquier rincón del vasto planeta Tierra, la muy nuestra y actual posición en
el elegante movimiento universal. Incluso, me lo pregunto yo mismo, pues, ¿qué
cosa es esto, osalmentalmático?
En primer lugar, una palabra
aberrante para mi lengua original, el español, pero palabra al fin. Adjetivo
relativo al neologismo osamentalma,
que otra aberración lingüística de mi autoría a ser arrogada. Entonces: osamenta/mente/alma,
el espacio, como el verbo vivir, y el tiempo, pasado-presente-futuro, la vida.
Es, osamentalma, una bella ecuación
en desarrollo constante como la vida misma, aquel resultado continuamente variable,
hasta el infinito, de la maravillosa operación que es vivir. Mientras ha sido y
será, es y ha de ser, osamentalma, un
modesto intento de representar la existencia mediante un ambiguo poema de tan
solo una sola palabra. Modestia que, sencillamente compleja, aprehende –y asimismo
connota–, por ejemplo, aquello relativamente apropiado en cierta receta de
cocina; el universo en un plato de sopa: algún principio inesperado para un
final eternamente conocido, no es más que otro final inesperado, aunque final
al cabo y final al fin.
Osamentalma no pretende ser una doctrina, mucho menos un
movimiento, escuela u ola explanada. Mas, de igual guisa, elemental es observar
que nuestra palabra no detenta un género literario, ni mucho menos una suerte
de religión o creencia teológica, y de ningún modo un manifiesto semiótico
semiológico. Osamentalma es,
literalmente, el poema más breve y conciso en la historia de las letras. Principalmente,
es esta la cualidad por lo cual sería válido calificar nuestro tan diminuto canto
cual fenómeno osamentalmático. Osamentalmática es la más breve y
concisa reseña que del más intenso orgasmo pueda elaborarse. Puesto que, osamentalma, es tan reducido como el Dios
de los católicos y tan extensa como el Dios de los agnósticos. Sí, como bien
podían imaginarlo, osamentalma es a
la lengua lo que el número pi es a la matemática.
El utópico poema de libertad, ha
de ser un ápice del delirio de la imaginación de un poeta alienado –vasta
redundancia válida– y en sus justos cabales. Pues, aquí y ahora, el neologismo
aún no comprende razón de ser más que en el universal océano de la poesía
inmanente, y tal es su valor ontológico más genuino. – ¿Es osamentalma un fenómeno?– Se preguntarán retóricamente algunos, y
les responderé, sin rendir culto al sarcasmo, que el neologismo es, en efecto, sustancia.
– ¿Es osamentalma sustancia? – Se
preguntarán, también muy retóricamente, otros, y a su tiempo aquellos otros algunos,
mas, yo a cambio, replicaré que nuestra expresión es, en principio, fenómeno.
Convengamos, no existe cosa alguna que sea un fenómeno ni por sí mismo ni por
sí solo: «todo-lo-que-es» será un fenómeno, y a tal efecto «todo-lo-que-no-es»
será un fenómeno; así, y no solo así, ser uno más es ser uno menos. Osamentalma, entonces, por ser etimológicamente
un poema, es sustancia de poesía, y, por ser lenguaje, es fenómeno y sustancia
de la condición humana. Digamos, a ciencia abierta e incierta, que el osamentalmático término, y todo aquello
que éste representara, es equivalente al solo y único 12 por ciento de la secuencia
del A.D.N. humano que hace al hombre diferente de sus parientes evolutivos más
cercanos, los simios.